dijous, 11 de setembre del 2008

Adonis y las escapadas con Mónica Belluci durante sus días sabáticos

Buceando en mitos relativos a las tensiones que puede sufrir un hombre por dos amores femeninos ambos dos apreciables, y su deseo de conservarlos a los dos por serlo, se ha hecho referencia en algún comentario a la actuación de Anteros y Eros en el cuento “Séptima. Hechicera”, de Marcel Schwob.

Remito a la entrada anterior en lo que refiere a mi opinión sobre la (in)adecuación de ese mito a ese caso. Más conveniente parece la fábula del disputado Adonis, quien originó una reyerta entre Afrodita y Perséfone.

Abreviando, según un esquema de las varias versiones que pueden leerse del mito, esta pelea de las dos divinidades por el nombrado originó un “fallo salomónico” de Zeus, quien “repartió” afectiva y cronológicamente al disputado amante sentenciando que pasaría igual tiempo con una que con otra, y tendría un período de descanso libre sin ninguna de ellas (no por algo Zeus era Zeus y seguro sabía que dos mujeres bajo estas condiciones podían acabar si no con el zarandeado cuerpo del personaje, seguro que con la cordura de Adonis) -me atengo a la paliza de las feministas.

La decisión se exhibe como salomónica en el estricto sentido del término porque, si se recuerda la fábula bíblica, el rey judío formuló una especie de “pronunciamiento-trampa” por el que produjo una prueba sobre la realidad de los hechos: decidió que la criatura por la que se peleaba se partiría por mitades, ya que no había forma de apreciar cuál era la madre verdadera y las dos clamaban por igual ante él. Al oírse esta decisión, una de las contendientes asintió y la otra desistió del juicio, con lo que Salomón, ahora sí viendo transparentemente ciertas evidencias, ordenó por fin que fuera entregada a la segunda, quien no había querido una victoria “judicial” con la muerte del niño de por medio, signo que el rey consideró la cabal demostración de su condición de madre.

Júpiter no se aleja mucho de la estrategia de Salomón: cuando define el reparto “equitativo” del amor de Adonis entre las dos diosas, da de manera muy astuta un margen de libertad al amado para que actúe sin la compulsión de su poder, y se pueda dejar ver la verdad de la situación.

Durante el lapso en que no está a disposición de ninguna de las dos, Adonis puede disponer como quiera. Y nunca mejor dicho: como quiere. Y quiso. Porque ese tiempo “libre” prefirió pasarlo con Afrodita, con lo cual el trasfondo mítico dejaría entrever que el balance armónico que aspira a distribuirse sin conflicto entre dos amores “de igual valor” es una quimera.

Y no es lo de menos el hecho de que la disputa por Adonis fuera entre Afrodita y Perséfone, dos reinas del Olimpo, ya que si bien Afrodita era una deidad mayor, que arrasaba con cuanto macho celeste y terrenal se le cruzaba, cuyos atractivos pueden leerse cómodamente en cualquier sitio de la Red, Perséfone también era una diosa importantísima en todo sentido. No era despreciable para nada.

Perséfone había sido cortejada por muchos dioses por sus calidades, y desató prácticamente una convulsión universal debido a su rapto por parte de Hades, dios de los infiernos, quien se enamoró de ella at first sight y se la llevó cual austríaco desquiciado a sus cuevas subterráneas.

Perséfone era una dignísima hija de Zeus, y una diosa absolutamente benigna, promotora del bienestar y esencial, que prodigaba la fecundidad, a tal punto que el cataclismo de su secuestro obligó a una componenda con su captor porque toda la Tierra estaba languideciendo ante su ausencia. Su padre pactó con Hades que volvería cíclicamente a su hogar materno, y luego retornaría a los infiernos, lo que dio origen a las estaciones del año: el tiempo en que Perséfone permanece alejada de la superficie coincide con los meses en los que la naturaleza se marchita, y su retorno propicia el renacimiento de la vida. Perséfone era tan decisiva que de ella dependía la vida misma. Pero Adonis optó por quedarse con Afrodita durante sus vacaciones “eróticas”.

Conclusión: los equilibrios en esta materia no se mantienen, según se desprende de los mitos, mucho tiempo, ni dependen de la importancia de los extremos de la balanza, sino que es la pasión de los (y las correspondientes, en hipótesis, si el supuesto es al revés) Adonis la que opera decisivamente.

Es como si dijéramos que a cualquier humilde ciudadano del mundo, George Bush a través de una tarjeta magnética y una contraseña secreta de la CIA le otorgara el ser amado en igual proporción de tiempo por Mónica Bellucci y Catherine Z. Jones, y unos meses libres para que ese pobre mortal no sufriera un colapso. Uno supondría que el tipo se va tranquilo durante sus vacaciones amorosas a ver jugar al Barça y a tomar cerveza con sus amigos, y pasa una temporada de las dos, sin pensar en ninguna de las dos ni por casualidad, porque las dos son absolutamente satisfactorias y lo llenan balanceadeamente hasta dejarlo ahíto. No. Parece que nuestro amigo se queda con más ganas de Mónica Bellucci, y se desentiende del campeonato y de la Heineken, de acuerdo a una extrapolación contemporánea de las libidinosas andanzas de la mitología helenística.

La democracia, definitivamente, es para el Parlamento y no para la cama -creo yo, que de Adonis, sobre todo, no tengo nada.

dimarts, 9 de setembre del 2008

Para el amigo al que Anteros le entró por la ventana (respuesta al comentario realizado al post con el cuento “Séptima. Hechicera” el 3/09/08)

La interpretación del papel de Anteros en el texto de tu blog es errada. Y permitime decirte -no sé si sos argentino y ya estoy usando la jerga castellana local- con el mayor de los respetos, interesada. Eros y Anteros no son abogados de distintas mujeres, ya que supongo ante la ausencia de perfil y por la introducción de tu texto que sos un hombre. No. No se trata de dos letrados que litigan en representación de dos hembras que se disputan un (mismo) macho, o que "justifican" ante el Tribunal a un macho que desea a dos hembras, o aun en un debate en la mente o el alma del mismo.

Ni tampoco, creo, conforme al texto de M. Schwob, que dicen era un erudito de lo clásico, que fueran personificaciones mitológicas de dos formas de la atracción entre los sexos [v. g. como decís, "pareja" y "amor" por una lado, y "pasión" por el otro]. No. A mi entender, Eros y Anteros son una dualidad de un solo y único fenómeno, una dualidad oscilante de las manifestaciones de un mismo ser, o un mismo ser-un-vínculo, una dualidad inasible que no está repartida entre más de dos sujetos, o más de una relación.

Quiero decir: no se trata aquí de deidades con papeles esenciales en los dilemas de la infidelidad como problema central por el que el mito se ideó, sino de dioses específicamente con actuaciones determinantes en las encrucijadas del amor en sí, en sus distintas facetas, dentro de una pareja en principio sin terceros, una pareja exactamente de dos. El cuento lo ilustra: lo que separa a Sextilio de quien lo ama no es una tercera persona en discordia, sino su condición de hombre libre. Anteros comparece a modificar una circunstancia donde Eros no tiene cabida ante la enamorada que desea a Sextilio, que lo desea y no debe desearlo porque está sometida al destino de la hechicería y la esclavitud: ése es el impedimento, no otra hembra interpósita. Anteros no viene en nombre de otra mujer, y como un Eros alternativo y cargado de "pasión" con otra "categoría", más o menos ardiente. Al punto tal que me parece que la etimología es exacta: Anteros es un anti-Eros, verdaderamente su negación, no su variación. Es una deidad que no está revestida de las cualidades de un Eros modificado, mejor o peor, más o menos sexual, más o menos tierno, etc. Anteros es el enemigo negatorio y aniquilante de Eros y no su alternativa dependiente, es un no-Eros, un no-ser-Eros. Es su antídoto (en la concepción del propio Anteros, claro, y en la del mito funcionalmente.¿O su vacuna?).

De acuerdo a mi modesta opinión, el mito es descriptivo de la fenomenología de la relación amorosa humana, tal como se ha repetido muchas veces en la literatura. Recuérdese, por ejemplo, los versos clásicos de Lope de Vega:

Desmayarse, atreverse, estar furioso,

áspero, tierno, liberal, esquivo,

alentado, mortal, difunto, vivo,

leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,

mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,

enojado, valiente, fugitivo,

satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,

beber veneno por licor suave,

olvidar el provecho, amar el daño;

creer que el cielo en un infierno cabe,

dar la vida y el alma a un desengaño,

esto es amor: quien lo probó lo sabe.

Aquí están perfectamente Eros y Anteros. “Creer que el cielo en un infierno cabe” Es bella esa expresión, y eficaz por la licencia de la contradicción. Y no habría contradicción si no fuese el mismo sujeto amado (uno solo) quien produce, a la vez, la sensación de cielo e infierno. Y, desde ya, la maestría del poeta está en exhibir que no sabemos nunca a ciencia cierta cuál de los dos, Eros o Anteros, Anteros o Eros, es el cielo o el infierno, respectivamente. Usar este mito pensando que alude a dos clases de "erotismo" es menospreciar la función mitológica de Anteros, dándole un papel subordinado a algo que su propia sustancia de "destructor de Eros" entiende como no posible. En realidad, si como dice Schowb, el mito afirma que Eros es maligno, ¿por qué suponer que Anteros no precedió a Eros, y el último es una corrupción del primero, que es un benefactor? Anteros es un dios benéfico (o así lo cree él, o así funciona para la mitología...) La infidelidad, o el tironeo entre dos supuestos Eros encarnados en dos personas diferentes que atraen por distintos motivos debe encontrar mitológicamente otras figuraciones, porque la cuestión es tan vieja como el amor mismo, sin ninguna duda. No creo que Anteros sea el "representante" del amor de una amante, salvo que la conciencia culposa del infiel suponga que con su infidelidad está aniquilando al amor. A todo el amor enteramente, y no sólo al amor de la traicionada: también simultáneamente al de la amada clandestina. Aniquilando anterianamente a TODO el amor. No parece tu caso, ni creo se ajuste la lucha de Anteros contra Eros a tu... encrucijada. Prometo tratar de sondear algún mito ad hoc, ya que éste no va a aliviar demasiado esa tensión entre el amor hogareño y los lindos pechos, dicho esto sin ironía alguna. Y cabe volver la vista siempre humildemente a Terencio para decir de modo profiláctico en estas charlas: “Nada humano me es ajeno”. [Esta aclaración hará que quien corresponda suponga (erradamente) que yo estoy también tras pechos diferentes a los suyos..., pero la confraternidad me puede más que ese peligro]



dilluns, 8 de setembre del 2008

Sèptima. Bruixa


“Sèptima va ésser esclava sota el sol africà, a la ciutat d’Hadrumet. I la seva mare Amaoena va ésser esclava, i la mare d'aquesta va ésser esclava, i totes van ser belles i fosques, i els déus infernals els van revelar filtres d'amor i de mort. La ciutat d’Hadrumet era blanca, i les pedres de la casa on vivia Sèptima eren d'un rosa tremolós. I la sorra de la platja estava sembrada de petites closques que arrossegava el tebi mar des de les terres d'Egipte, on les set boques del Nil expandeixen set llims de diversos colors. Des de la casa marítima on vivia Sèptima s'escoltava el remor de la franja de plata del Mediterrani deixant-se morir allí, i als seus peus un ventall d'enlluernadores línies blaves es desplegava gairebé arran de cel. Sèptima portava els palmells de les mans enrogits d'or, i la punta dels seus dits pintada. Els seus llavis feien olor a mirra i les seves parpelles untades tremolaven suaument. Així caminava pels barris, amb una cistella de cruixents pans que duia a les cases dels servents.

Sèptima es va enamorar de Sextili, un jove lliure, fill de Dionísia. Però no els està permès ésser estimades a aquelles que coneixen els misteris subterranis, doncs estan sotmeses a l'adversari de l'amor, que es diu Ànteros. I així com Eros dirigeix els centelleigs dels ulls i agusa la punta de les fletxes, Ànteros desvia les mirades i esmussa l'acritud dels dards. És un déu benèfic que resideix enmig dels morts. No és cruel, com l'altre. Posseïx el nepentes que provoca l'oblit. I com sap que l'amor és el pitjor dels dolors terrenals, odia i guareix l'amor. No obstant això, manca del poder d'expulsar a Eros d'un cor ja ocupat. Llavors s'apodera de l'altre cor. D’aquest modo lluita Ànteros contra Eros. Per això no va poder Sextili estimar a Sèptima. Una vegada que Eros va dur la seva torxa al si de la iniciada, Ànteros, irritat, es va apoderar d'aquell al que ella volia estimar.

Sèptima va conèixer per la mirada baixa de Sextili el poder de Ànteros i amb la vibració porpra de la tarda, va sortir al camí que conduïa d’Hadrumet fins el mar. Era un camí afable on els enamorats, recolzats a les llises muralles dels sepulcres, bevien vi de dàtils. La brisa oriental bufava el seu perfum sobre la necròpoli. La jove lluna, vetllada encara, arribava incerta i es passejava. Molts morts embalsamats regneven mirant a Hadrumet des de llurs sepultures

I allí dormia Foinisa, germana de Sèptima, esclava com ella, morta als setze anys, abans que cap home n’hagués respirat la seva olor. La tomba de Foinisa era estreta com el seu cos. La pedra oprimia els seus pits cenyts amb benes. Gairebé collada al seu front deprimit, una llarga làpida tancava la mirada buida. Dels seus llavis ennegrits encara s'escapava el vapor de les drogues odoriferes que l'havien xopada. En la seva casta mà brillava un anell d'or verd amb dos robins incrustats, pàl•lids i tèrbols. En el seu somni estèril somiava eternament amb les coses que no va poder conèixer.

Sota la blancor virginal de la lluna nova, Sèptima va jeure al costat de la tomba estreta de la seva germana, sobre la bona terra. Va plorar i es va fregar el rostre contra la garlanda esculpida. I va acostar la seva boca al conducte per on s'abocaven les libacions i va explaiar-se amb desesperació per a alleujar la seva passió: –Oh, germana meva –va dir–, deixa el teu somni per a escoltar-me! El petit fanal que enllumena les primeres hores dels morts s'ha extingit. Has deixat que es llisqués dels teus dits l’ampolla de vidre acolorida que et varem donar. El fil del teu collaret s'ha trencat i les granadures d'or s'han espargit al voltant del teu coll. Gens nostre no és teu ja, i ara aquell que porta un falcó sobre el seu cap et posseïx. Escolta'm, doncs tens poder per a transmetre les meves paraules. Vés a la cel•la que ja saps i suplica-li a Ànteros. Explica-li a la deessa Hator. Suplica-li a aquell, el cadaver del qual, destrossejat, fou portat per mar dins un cofre fins a Biblos, germana meva, tingues pietat d'un dolor desconegut. Per les set estrelles dels mags de Caldea, t'ho prego. Per les potències infernals que s'invoquen a Cartago, Jao, Abriao, Salbaal i Batbaal, rep el meu encanteri. Fes que Sextili, fill de Dionísia, es consumeix d'amor per mi, Sèptima, filla de la nostra mare Amaoena. Que de nit s’abrusi. Que em cerqui al costat de la teva tomba, oh Foinisa! O duu-nos tot dos a l'estatge tenebrós, poderosa. Prega a Ànteros que el nostre alè es resfredi si impedeix a Eros que l’encengui. Morta perfumada, rep la libació de la meva veu. Achrammachalala!.

Sobtadament, la verge embenada es va aixecar i va penetrar en la terra, mostrant les dents.

I Sèptima, avergonyida, va córrer entre els sarcòfags. Va vetllar dues nits en companyia dels morts. Va observar la lluna fugitiva. Va oferir el seu pit a la mossegada salabrosa del vent marí. Els primers llamps daurats la van acariciar. Va regressar després a Hadrumet i la seva llarga camisa blava surava darrere d'ella.

Foinisa, rígida, recorria mentrestant els cercles infernals. I aquell que porta un falcó sobre el seu cap no va rebre la seva súplica. I la deessa Hator va romandre estesa amb el seu embolcall de colors. I Foinisa no va poder trobar a Ànteros, ja que desconeixia el desig. Però dins el seu cor marcit va sentir la pietat que els morts senten pels vius. La segona nit, doncs, a l'hora que els cadàvers s'alliberen per a complir els encanteris, Foinisa va encaminar els seus peus lligats pels carrers d’Hadrumet.

Sextili s'agitava regularment pels sospirs del somni, amb el rostre girat cap al sostre de la seva habitació, solcada de rombes. I Foinisa, morta, embolicada en benes aromàtiques, es va asseure al seu costat. No tenia cervell ni vísceres, però havien tornat a col•locar en el seu pit el seu cor dessecat. I en aquest moment Eros va lluitar contra Ànteros i es va apoderar del cor embalsamat de Foinisa, i aquesta va desitjar el cos de Sextili, per a ficar-lo al llit entre ella i la seva germana a la casa de les tenebres.

Foinisa va posar els seus llavis tenyits sobre la boca viva de Sextili, i la vida es va escapar d'ell com una bombolla. Després va arribar fins a la cel•la d'esclava de Sèptima i la va prendre de la mà. I Sèptima, adormida, va cedir sota la pressió de la mà de la seva germana. I el petó de Foinisa i l'abraçada de Foinisa van donar mort, gairebé a la mateixa hora de la nit, a Sèptima i a Sextili. Tal va ésser el fúnebre resultat de la lluita d'Eros contra Ànteros i les potències infernals van rebre, al mateix temps, a una esclava i a un home lliure.

Sextili jeu a la necròpoli d’Hadrumet, entre la bruixa Sèptima i la seva germana verge Foinisa

El text de l'encanteri està inscrit sobre la placa de plom, enrotllada i travessada per un clau que la bruixa va lliscar per l'orifici de les libacions de la tomba de la seva germana.”

diumenge, 7 de setembre del 2008

Biográficas: Joan Sardà ante una vil encrucijada del destino

Joan Sardà no gana para disgustos. Cuatro antropólogos forenses de la Universidad de Bratislava habrían desenterrado el esqueleto de un ancestro del polígrafo que sería casi imposible de encajar en una genealogía decente. Hasta este momento, la tarea era dificultosa por algunos nobles pederastas (Enric y Jordi, más precisamente) de algunas ramas del siglo XII que fueron camuflados y tratados como místicos en una revisión propiciada por la Sacra Rota en 1999, por aquello de que los caminos que llevan al Señor son múltiples; no se habían presentado otras vallas imposibles de derribar desde entonces.

El hallazgo de los restos del esqueleto (muy bien conservado) de Bobby “Monkey” Sardà por una pensionada que cavaba en su jardín de Chicago para plantar rododendros, margaritones y prímulas fue conmocionante. Junto a la osatura, que por supuesto nada decía por sí misma, se encontraron pruebas irrefutables que ilustran turbias actividades ilícitas de Bobby, primo hermano de Joan emigrado a EE UU casi adolescente después de haber sido fichado por la Guardia Civil en 1926 por haber robado siete gallinas y una oveja, animal que usó con fines que los diarios de la época callaron por pacatería.

Durante cincuenta crípticos años, Bobby narró por correspondencia que sobrevivía como humilde granjero en Kansas, y siempre se opuso a enviar fotografías de su casa y de su propia persona a España con la excusa de que le habían diagnosticado una depresión reactiva por considerarse muy feo, y las cámaras lo amedrentaban.

Joan negó de inmediato el parentesco con el exiliado, ya que lo más humillante del caso es que su primo sirvió obedientemente a los jefes del bajo fondo de la ciudad durante cuatro décadas. A pesar de esto, incluso los más acérrimos defensores del linaje impoluto de los Sardà suponen que las pruebas de ADN darán al traste con todo intento de acallar el escándalo.

Como el ávido lector podrá observar supra, a esta ostensible desviación moral y delictiva, “Monkey” sumaba un aspecto físico que hace pensar que los apodos en Norteamérica no son en vano, y refrenda lo que invariablemente se tuvo como escasa imaginación de parte de los estadounidenses en estos temas. Además Joan, que siempre ha sido muy vanidoso, no deja de recordar en noches de pesadilla e insomnio, alternativamente, al contemplar la efigie de su poco distinguido primo, las puntualizaciones de un viejo best seller (“El mono desnudo”) de Desmond Harris. Las apreciaciones que en ese volumen hizo Harris siguen vigentes: aun cuando el chimpancé tiene una “virilidad” longitudinal que es el doble de la del gorila, que sólo llega a unos patéticos 4 cms., el ser humano, para gloria de nuestra especie y del Reino, aventaja al primero casi cuatro veces en promedio. Joan teme que la prensa amarilla establezca una morbosa similitud entre los atributos de “Monkey” y los de los miembros masculinos de la honorable familia Sardà, y haga correr la voz de que todos sin excepción portan unos exiguos 8 cms braguetas adentro. Este cruel desenlace de las pesquisas genealógicas de Joan sería el tiro de gracia para una nobleza peninsular absolutamente atenazada por el espanto, y que todavía no se repone del todo del dolor infinito que un monarca insensible ha infligido a la archicondestable, multiduquesa, polimarquesa, pluribaronesa y etc. Cayetana de Alba atrapada por las garras de una pasión irrefrenable por un jovencito de 65 años, como se comenta en los mentideros del Palacio Real con rubores mal disimulados con la ayuda de la tenue luz de los candelabros de plata.


dissabte, 6 de setembre del 2008

El Infierno entra de contrabando al Paraíso/L'Infern entra de contraban al Paradís

UN HOMBRE A UNA MUJER

"En un tiempo te conocí, pero si nos encontramos en el Paraíso, seguiré mi camino y no daré vuelta la cara."

Robert Browning: The Worst of it (1864)

J. L. Borges y A. Bioy Casares, “Libro del cielo y del infierno


UN HOME A UNA DONA

"Alguna vegada et vaig conèixer, però si ens trobem al Paradís, seguiré el meu camí i he de girar-te la cara sense remedi."



dijous, 4 de setembre del 2008

Batalla de tus senos contra el Universo


Si a la forma de tus senos

Se agregase atrevida

La forma del Universo

Habría Copérnicos

De juguete

Cosmólogos de puro fraude

Telescopios ciegos

La forma de tus senos

Simplemente existe

Y no hay modos

Del verbo

Que la conjuguen

Según épocas

La forma de tus senos

No tiene tiempo

Sucede tras un alba

Tardía

Inmediata al sol

Que ilumina la mitad

De la jornada

Sigue también

Sin prisa más tarde

A la extenuación

Un minuto antes

Que la fatiga nos aprese

Preanuncia inevitable

recuerdos cristalizados

E inconclusos

De lo que va a pasar

Y serán rara memoria

Todavía no nacida

Para los mundos

Pero ya dicha

Anticipadamente

Por ti como un aviso

De los próximos cansancios

Ésos que hace muchos meses

Sentiré

Los que me harán

Dormir feliz

Junto a tu cuerpo

Como si a mí viniesen

Los futuros martes

Locos tras sus miércoles

Trastornado el calendario

Dándome tú el jueves

Lo que fue y será

Como anticipo

Felicidades

De viernes aventajados

Por veinticuatro horas

La forma de tus senos

Exhibe la invitación

A encaramarse

En aventuras pretéritas

Que están por llegar

Anticipa, feroz, cronologías

Que ya han sido

Y aún deben cumplirse

Previene el contenido del recuerdo

Hace surgir el antes

En el actual después

Imposible

Que ocurrió increíble

En el hermoso entonces

Y pulveriza las piedras

Del ahora

Y deja asombrado

El contorno del ayer

Pendiendo del dibujo

De un mañana

Inevitable deudor

De tu hoy antiguo

Que es mi único siempre.


Gustavo F. Soppelsa



dimecres, 3 de setembre del 2008

Séptima. Hechicera



"Séptima fue esclava bajo el sol africano, en la ciudad de Hadrumeto. Y su madre Amaoena fue esclava, y la madre de ésta fue esclava, y todas fueron bellas y oscuras, y los dioses infernales les revelaron filtros de amor y de muerte. La ciudad de Hadrumeto era blanca, y las piedras de la casa donde vivía Séptima eran de un rosa trémulo. Y la arena de la playa estaba sembrada de conchillas que arrastra el tibio mar desde las tierras de Egipto, donde las siete bocas del Nilo expanden siete limos de diversos colores. Desde la casa marítima donde vivía Séptima se oía morir la franja de plata del Mediterráneo, y al pie de la misma un abanico de deslumbrantes líneas azules se desplegaba casi a ras del cielo. Séptima llevaba las palmas de las manos enrojecidas de oro, y la punta de sus dedos pintada. Sus labios olían a mirra y sus párpados untados temblaban suavemente. Así caminaba por los barrios, con una cesta de crujientes panes que llevaba a la casa de los sirvientes.

Séptima se enamoró de Sextilio, un joven libre, hijo de Dionisia. Pero no les está permitido ser amadas a aquellas que conocen los misterios subterráneos, pues están sometidas al adversario del amor, que se llama Anteros. Y así como Eros dirige los centelleos de los ojos y aguza la punta de las flechas, Anteros desvía las miradas y embota la acritud de los dardos. Es un dios benéfico que reside en medio de los muertos. No es cruel, como el otro. Posee el nepente, que provoca el olvido. Y como sabe que el amor es el peor de los dolores terrenales, odia y cura el amor. Sin embargo, carece del poder de expulsar a Eros de un corazón ya ocupado. Entonces se apodera del otro corazón. Así lucha Anteros contra Eros. Por eso no pudo Sextilio amar a Séptima. No bien Eros llevó su antorcha al seno de la iniciada, Anteros, irritado, se apoderó de aquél al que ella quería amar.

Séptima conoció por la mirada baja de Sextilio el poder de Anteros. y con la vibración purpúrea de la tarde, salió al camino que lleva de Hadrumeto al mar. Es un camino apacible donde los enamorados, apoyados en las lisas murallas de los sepulcros, beben vino de dátiles. La brisa oriental sopla su perfume sobre la necrópolis. La joven luna, velada aún, llega incierta y se pasea. Muchos muertos embalsamados reinan mirando a Hadrumeto desde sus sepulturas. Y allí dormía Foinisa, hermana de Séptima, esclava como ella, muerta a los dieciséis años, antes de que ningún hombre hubiese respirado su olor. La tumba de Foinisa era angosta como su cuerpo. La piedra oprimía sus pechos ajustados con vendas. Casi pegada a su frente deprimida, una larga lápida cerraba la mirada vacía. De sus labios ennegrecidos todavía se escapaba el vapor de las drogas odoríferas en que la habían empapado. En su casta mano brillaba un anillo de oro verde con dos rubíes incrustados, pálidos y turbios. En su sueño estéril soñaba eternamente con las cosas que no pudo conocer.

Bajo la blancura virginal de la luna nueva, Séptima se tendió junto a la tumba angosta de su hermana, sobre la buena tierra. Lloró y se frotó el rostro contra la guirnalda esculpida. Y acercó su boca al conducto por donde se vertían las libaciones, y desahogó su pasión:

–¡Oh, hermana mía –dijo–, deja tu sueño para escucharme! La lamparita que alumbra las primeras horas de los muertos se ha extinguido. Has dejado que se deslizara de tus dedos la ampolla de vidrio coloreada que te dimos. El hilo de tu collar se ha roto y las cuentas de oro se han esparcido alrededor de tu cuello. Nada nuestro es tuyo ya, y ahora aquél que lleva un halcón sobre su cabeza te posee. Escúchame, pues tienes poder para transmitir mis palabras.

Ve a la celda que ya sabes y suplícale a Anteros. Explícale a la diosa Hator. Suplícale a aquel cuyo cadáver despedazado fue llevado por mar en un cofre hasta Biblos, hermana mía, ten piedad de un dolor desconocido. Por las siete estrellas de los magos de Caldea, te lo ruego. Por las potencias infernales que se invocan en Cartago, Jao, Abriao, Salbaal y Batbaal, recibe mi encantamiento. Haz que Sextilio, hijo de Dionisia, se consuma de amor por mí, Séptima, hija de nuestra madre Amoena. Que de noche arda. Que me busque junto a tu tumba, ¡oh Foinisa! O llévanos a los dos a la morada tenebrosa, poderosa. Ruega a Anteros que enfríe nuestro aliento si impide a Eros que lo encienda. Muerta perfumada, recibe la libación de mi voz. ¡Achrammachalala!.

Súbitamente, la virgen vendada se levantó y penetró en la tierra, mostrando los dientes.

Y Séptima, avergonzada, corrió entre los sarcófagos. Veló dos noches en compañía de los muertos. Observó la luna fugitiva. Ofreció su pecho al mordisco salobre del viento marino. Los primeros rayos dorados la acariciaron. Regresó después a Hadrumeto y su larga camisa azul flotaba tras ella.

Foinisa, rígida, recorría mientras tanto los círculos infernales. Y aquél que lleva un halcón sobre su cabeza no recibió su súplica. Y la diosa Hator permaneció tendida en su envoltura de colores. Y Foinisa no pudo encontrar a Anteros, puesto que desconocía el deseo. Pero en su corazón marchito sintió la piedad que los muertos sienten por los vivos. La segunda noche, pues, a la hora en que los cadáveres se liberan para cumplir los encantamientos, Foinisa encaminó sus pies atados por las calles de Hadrumeto.

Sextilio se agitaba regularmente por los suspiros del sueño, con el rostro vuelto hacia el techo de su habitación, surcada de rombos. Y Foinisa, muerta, envuelta en vendas aromáticas, se sentó a su lado, No tenía cerebro ni vísceras, pero habían vuelto a colocar en su pecho su corazón disecado. Y en ese momento Eros luchó contra Anteros y se apoderó del corazón embalsamado de Foinisa, y ésta deseó el cuerpo de Sextilio, a fin de acostarlo entre ella y su hermana en la casa de las tinieblas.

Foinisa puso sus labios teñidos sobre la boca viva de Sextilio, y la vida se escapó de él como una burbuja. Luego llegó hasta la celda de esclava de Séptima y la tomó de la mano. Y Séptima, adormecida, cedió bajo la presión de la mano de su hermana. Y el beso de Foinisa y el abrazo de Foinisa dieron muerte, casi a la misma hora de la noche, a Séptima y a Sextilio. Tal fue el fúnebre resultado de la lucha de Eros contra Anteros y las potencias infernales recibieron, al mismo tiempo, a una esclava y a un hombre libre.

Sextilio yace en la necrópolis de Hadrumeto, entre la hechicera Séptima y su hermana virgen Foinisa.

El texto del encantamiento está inscrito sobre la placa de plomo, enrollada y atravesada por un clavo que la encantadora deslizó por el orificio de las libaciones de la tumba de su hermana."

Marcel Schwob, "Vidas imaginarias"